Contra la naturaleza

Lo que se dice es progreso y sustentabilidad, representa más la destrucción de las bellezas naturales en el litoral del Pacífico mexicano, sin importar los rimbombantes nombres, atractivos para quienes invierten en dólares, pero que destruyen el hábitat de muchas especies, entre ellas la humana.
Tal es el caso denunciado por ambientalistas, un proyecto turístico denominado “Punta Paraíso” en San Pancho, del aparentemente progresista municipio de Bahía de Banderas y sin esperanzas de salvación, por la vocación empresarial del gobierno estatal y la complicidad de las autoridades federales.
Para darse cuenta de la actitud rapaz de los desarrolladores, basta echar un vistazo al blog rivieranayaritone.blogspot.mx, donde es señalado el alarmante problema del municipio en su desarrollo y crecimiento.
El problema avanza sin que los gobiernos municipales y los estatales resuelvan la escasez de agua potable, pese a la abundante cantidad de afluentes que bajan de la sierra, pero que incapaces de trabajar en el tratamiento del vital líquido, tienen a los habitantes de la bahía en peligro de contraer enfermedades gastrointestinales y de otro tipo.
Dicha carencia en el municipio del sur de Nayarit, impiden que el desmesurado crecimiento sea de tipo ordenado y menos sustentable, pese a la vocación turística de Bahía y su hermano mayor Puerto Vallarta.
Pero si no son capaces de tratar el agua para hacerla potable, todavía hay otro problema que parece irresoluble y de forma inmune, los empresarios arrojan las aguas negras de sus hoteles y condominios sin el debido tratamiento, acabando así con la gallina de los huevos de oro.
La totalidad de las comunidades de Bahía de Banderas se debaten entre aguas negras, algunas a flor de tierra, aguas puercas que van de forma inmisericorde a las aguas de la bahía y que no solamente perjudican al municipio sureño nayaritense, porque no hay un muro que divida las aguas de Bahía con la jurisdicción acuática de Puerto Vallarta.
A lo anterior se suma la incapacidad de los gobiernos asentados en ambos lados del Río Ameca, de por sí contaminado a su paso por los municipios desde Zapopan hasta su desembocadura en los límites de Jalisco y Nayarit.
Los dos municipios cuentan con tiraderos de basura a cielo abierto y hasta de forma cínica se dan el lujo de llamarlos relleno sanitario, pero la codicia en los moches con las empresas concesionarias, resulta ser otro atentado contra la salud de habitantes de Bahía, Puerto Vallarta y los visitantes nacionales y extranjeros.
Los vallartenses y badebadenses presumen la protección que da la montaña a las correspondientes “joyas de la corona”, llamadas así en Jalisco Puerto Vallarta y en Nayarit la Riviera Nayarit.
Los académicos de varias universidades han advertido de los riesgos para la salud existentes en la región, y la existencia de zonas vulnerables no por la pobreza porque la economía está bien, sino por la ausencia de infraestructura sanitaria.
Por ello los servicios de salud son rebasados, dada la escasa cobertura de salud y la escasez de agua potable en grandes zonas de las comunidades asentadas en la región, sobre todo en Punta de Mita, donde hubieron de despojar a los ejidatarios de Higuera Blanca y marginaron a los habitantes para la construcción de sus desarrollos.
Hoy los dueños de la tierra quedaron en un centro de hacinamiento y con carencia de los servicios más indispensables. Corral del Risco de redujo a un campo de concentración más feo que los de los nazis en tiempos de la Segunda Guerra Mundial.
Puerto Vallarta tiene sus zonas pobres y Bahía de Banderas más pobres; la desigualdad campea en los grandes desarrollos que tienen todo y las colonias que carecen de todo, sin seguridad social y a merced de cualquier fenómeno natural, porque si bien es cierto que pocas veces se padecen los efectos de huracanes, la deforestación provoca inundaciones y tolvaneras.
Los regidores de los cabildos reciben su mochada y sin piedad para con el medio ambiente, ven crecer la cantidad de habitantes y sin el menor gesto de remordimiento, autorizan el cambio de uso de suelo, sin pensar en el daño que sufrirán sus descendientes.
Entre los empresarios de las cribas y empresas como el Grupo Vidanta, dueños del Mayan Palace y los del Paradise Village, invadieron el lecho del Río Ameca y modificaron lo que les vino en gana.
Ahora resulta imposible para las comunidades tener un pozo para extraer agua potable y el agua dulce que antes encontraron, ahora se encuentra a más de treinta metros y se acabó la pureza. El agua de los pozos ahora es salada.
Cada tres años se elabora un plan de desarrollo urbano, pero el ordenamiento los empresarios y desarrolladores se lo pasan por el arco del triunfo, lo cual redunda en la inexistencia de un ordenamiento ecológico en sus niveles territorial y local.
Cuando se trata de erigir una construcción, los reglamentos son de chicle por su elasticidad y son émulos de los peritos chilangos que propiciaron el desplome de los edificios en la Ciudad de México.
La consecuencia de que sean las montañas las protectoras de la bahía en lo que refiere a ciclones y huracanes, se paga en las partes bajas, porque la lluvia que no entra a las comunidades de la región, sube a la sierra donde las nubes descargan y luego esa precipitación regresa en forma de ríos y arrojos, con las consecuencias que ya conocemos.
En varias ocasiones hemos visto la desaparición de la playa del Joli, pero lo que la autoridad no ve, es que la erosión es propiciada por las propias acciones autorizadas mediante moche por sus peritos y jefes de obra pública, así como el relleno de manglares y desaparición de los marismas.
Los basureros oficiales son tiraderos a cielo abierto, pero en Bahía de Banderas como en otros municipios carentes de vigilancia del municipio, también es basurero la orilla en ambos lados de la carretera federal 200, daño del cual no se escapan los hoteles de lujo.
Por culpa de los animales que despachan en las alcaldías y dependencias correlativas, especies endémicas están a punto de desaparecer y lo que antes fue una sucursal del paraíso, solamente tiene animales de dos patas.
Antaño era libre el acceso a las playas, pero ahora impera la ley del guarura enmacanado, quien con su redimix 24, impide el acceso a las familias, porque aunque muchos de los hoteles no cuentan con la concesión de Zofemat correspondiente, restringen la entrada  quienes no son huéspedes de hoteles o inquilinos de los condominios.
Nos leemos mañana.
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